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jueves, 9 de diciembre de 2010

Como cambiar nuestro mundo.

Desde siempre me he hecho esta pregunta, ¿cómo poder cambiar algo desde la individualidad y la sociedad? Está claro que no es una tarea fácil, ni creo que nos dejaran las grandes entidades que se han creado en pos de nuestro bienestar, nuestro porvenir, nuestra seguridad, etc... Luchamos por un trabajo fijo, un coche mejor o un plato de comida; todo depende de donde nos encontremos. La televisión nos bombardea de anuncios cada vez creados con más inteligencia y que nos seducen y nos dejamos seducir, aunque no lo necesitamos,  parece que si no lo tenemos no somos felices. Los políticos nos bombardean con sus místicas palabras y la justicia del mayor opresor parece su defensor. La iglesia sigue en sus treces y cada vez que oigo algo de una religión en vez de paz y amor que es lo que deben de transmitir, nos enfrentan y nos radicalizan, y en sus iglesias cada vez mas oro y el papa bueno mejor no decir nada. Nada tiene que ver en lo que yo creo debió pensar Jesús que sería su legado. No creo que este señor quisiera que se matara en su nombre, ni que se abusara ni que le tuvieramos miedo. Y de los bancos esas sociedades sin animo de lucro que su unico beneficio son nuestros ahorros y sus esplendidas hipotecas que nos unen a ellos durante muchos años para tener una vivienda que si no recuerdo mal es un derecho constitucional en fin, que no se sabe por donde cogerle la cola al problema, luego estan las guerras que acechan este insolito mundo donde la barbarie se convierte en lucha por la paz, lo siento pero no me lo creo yo no pienso asi y creo que la mayoria de la sociedad tampoco. Continuara....

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Así quieren salir de la crisis los que la provocaron.
Con tanto empeño en “salir de la crisis” se está perdiendo de vista el horizonte de irracionalidad e insolidaridad hacia el que venía apuntando la actual globalización financiera. En este mundo financieramente globalizado, pero económica y socialmente fragmentado, las prisas por “salir de la crisis” han acabado también eclipsando las críticas hacia el sistema monetario internacional y hacia las prácticas que la habían motivado.
En principio, se consideró que la crisis era el resultado lógico de la dinámica de funcionamiento del capitalismo financiero. Por lo tanto, el objetivo de favorecer la estabilidad del sistema monetario internacional exigía cuestionar esa dinámica estableciendo nuevos mecanismos de regulación y control que no han llegado a concretarse de modo efectivo. Es más, el contexto en el que se realizó la reciente reunión del G-20 vino a confirmar el desgobierno de las finanzas planetarias. Pues poco antes de que se celebrara esta reunión teóricamente orientada a coordinar las políticas de los países, ese líder mundial de las finanzas que es EEUU decidió unilateralmente emitir 600.000 millones de dólares destinados a comprar su propia deuda pública. Es decir, que cuando los estados de la UE tratan penosamente de apretarse el cinturón para satisfacer y sanear sus deudas, EEUU encomienda a su propio banco central que se haga cargo de las suyas emitiendo dinero para comprarlas. Después de tanto criticar a Madoff u otros magos de las finanzas por emitir títulos sin respaldo o contrapartida alguna, EEUU lo hace impunemente a una escala mucho mayor para recomprar sus propias deudas.
En suma, que tras tanto defender la ortodoxia liberal para apretar las clavijas a los demás, EEUU aprovecha su posición de dominio para hacer gala de la más absoluta heterodoxia con el fin de animar los mercados financieros con semejante inyección de liquidez, esperando que con ello se acabe animando también el pulso de la coyuntura económica en general. Estas medidas ya no apuntan a incentivar la demanda o el empleo, sino a alimentar directamente y sin tapujos ese cóctel explosivo de abundante liquidez barata y de desregulación y relajación de la disciplina financiera que había originado la crisis. En vez de favorecer la inversión productiva mediante estímulos keynesianos, se está preparando el caldo de cultivo propicio para que prosperen nuevas burbujas que serán nuevamente fuente de inestabilidad.